Masculinidad inmadura

Una persona madura es quien es capaz de autogestionarse, responsabilizarse de sus actos, adoptar diferentes perspectivas, ser crítica tanto con el mundo como consigo mismo y ser capaz de adaptarse a las situaciones y responder a las demandas de la realidad.

Siempre he escuchado decir que las chichas maduran antes que los chicos, pero desconozco si este hecho que es una realidad constatable tiene algún fundamento natural, o si estamos nuevamente ante una de las consecuencias de nuestra socialización como hombres, lo que nos lleva a este retraso. El aislamiento emocional, el tener que jugar a ser hombre cuando aún desconocemos nuestra identidad. Ese no poder llorar, ni enseñar tus miedos, o la imperiosa necesidad de ser, cuanto antes, más y mejor que los demás. No sé, pero creo que ahí están las razones, y uno de los efectos que la educación patriarcal tiene sobre nosotros los hombres. 

Esa falta de madurez que tiene tanto que ver con la gestión de lo que somos, con la aceptación y conexión con nuestros cuerpos, sus vulnerabilidades, fortalezas y emociones, nos acompaña toda la vida, y determina nuestra personalidad. Por eso asumimos tan deficitariamente un traspiés o desengaño, y recurrimos a la ira y la violencia en un intento de restablecer el poder y el equilibrio en el que nuestra inseguridad se siente segura. Tomemos como ejemplo la violencia de género, que casi siempre es el resultado de un abandono, de una negativa, de un no saber aceptar la realidad y gestionar en solitario nuestras vidas.

En esa discapacidad emocional y afectiva que sufrimos, en la separación del niño de su madre para convertirlo en hombre cuando aún no sabe si quiera quien es, en la diferenciación a toda costa de las chicas, en esos mandatos del patriarcado que nos obligan a vivir dentro de un traje que no se ajusta a nuestros cuerpos, se encuentra nuestro drama como proyectos de vida. También de una insatisfactoria forma de entendernos, de la infelicidad permanente, y en definitiva de la inmadurez que, en contraposición con la feminidad, es una de las características de nuestra masculinidad.

Soy padre de dos chicas adolescentes, y, ese no conocer aún como tratar bien mis emociones, y a pesar de estar convencido de la necesidad de deconstruir mi machismo y trabajar por ser un hombre igualitario, me lleva a permanentes errores y contradicciones en la gestión de mi paternidad igualitaria, a trasladar a mis hijas mis miedos patriarcales y mi machismo, y no estoy seguro de hasta qué punto estoy condicionando su libertad en un mundo donde las mujeres son víctimas de nuestra inseguridad, y carencia de madurez. 

Trabajarnos, conocernos, aceptarnos, y ser capaces de asumir nuestra complejidad como seres humanos, debe ser el camino para apartar esas mentiras que nos impiden ser, y que nos atan a la inmadurez. Solo desde lo emocional podremos llegar a ser esos hombres, esta vez sí que de verdad, que tanto ansiamos, para que en un futuro un mundo justo e igualitario sea una posibilidad real.

Juan Miguel Garrido

Socio de AHIGE

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